“El aspirante a fascista encarna una versión incompleta del fascismo. Su estilo, mesiánico, desprecia cualquier tipo de contenido teórico, y su estética, grotesca se satura de vulgaridad. Su liderazgo es típico de aquel que busca destruir la democracia para obtener beneficios personales a corto plazo. Este espécimen político es una figura autoritaria, un populista exagerado, ejemplo arquetípico de la antidemocracia que amenaza al pluralismo y a la tolerancia a nivel global”. Así comienza el libro del profesor Federico Finchelstein, un historiador argentino radicado en Estados Unidos, autor de ocho libros, y especializado en el pensamiento autoritario. Su libro, editado por Taurus, está presentado como “una guía para entender la principal amenaza a la democracia”. El libro analiza el fenómeno político de líderes autoritarios que llegan al poder con apoyo popular y luego con sus decisiones y praxis afectan la calidad democrática. El autor hace eje en Donald Trump, pero su análisis abarca a dirigentes como Javier Milei, Jair Bolsonaro, Víctor Orban y Nadrenda Modi, entre otros.
Finchelstein advierte sobre la deriva autoritaria de este tipo de dirigentes cuando “las cosas no les salen bien”. Y recupera dos ejemplos históricos: el ataque al Capitolio en la derrota de Trump y el asalto a las instituciones en Brasilia por partidarios de Bolsonaro con el objetivo de impedir la asunción de Lula. “Existe una voluntad de colocarse sobre la legalidad”, dice. Y suma otra característica en común: el afán por hacer negocios millonarios desde el poder.
Reconoce cuatro etapas en el proceso de radicalización de este perfil de dirigente: La violencia y militarización de la política; las mentiras y la propaganda del fascismo; la política de la xenofobia y la dictadura, como etapa final.
La violencia y las mentiras, por ejemplo, estuvieron presentes en el discurso de Milei en “la Derecha Fest”. Allí volvió como enemigos a “la casta política chorra, parasitaria e inútil, los periodistas ensobrados, los sindigarcas, los empresaurios prebendarios”. Y, por supuesto, “del otro lado vamos a estar los argentinos de bien”, sentenció. En su recurrencia para “animalizar” a sus rivales, se refirió al senador peronista José Mayans como “morsa inmunda”, un día antes volvió a llamar al gobernador Axel Kicillof “enano soviético” y se sumó al clamor de “bruta traidora” que le asignaron a su vice Victoria Villarruel a quien mandó “al círculo más profundo del infierno”.
Momentos antes, el inefable Gordo Dan lo había calificado como “un prócer en vida” y la persona que descubrió “la piedra filosofal”. El influencer libertario, que se quedó afuera de las listas bonaerenses por decisión de Karina Mileio, habló sobre “El brazo armado”, que garantiza la influencia en las redes de la prédica libertaria.
La apertura del evento, por el que había que pagar 35 mil pesos de ingreso, estuvo a cargo de unos pastores evangélicos que hablaron en “defensa de la vida” y contra “el genocidio del aborto”, pero esta vez no convirtieron pesos en dólares.
Habló el biógrafo de Milei, Nicolás Márquez: “estamos frente a un enemigo con el que no podemos dialogar” y propuso “como regla general tenemos que aplastarlos políticamente e ideológicamente y sacarlos del poder”. Y el titular de la Fundación Faro, Agustín Laje, expuso sobre la maldad de la izquierda que propicia, entre otras cosas, la igualdad social “por envidia”. Faro es una ONG ultraconservadora que funciona como usina de ideas libertarias, que van desde el antifeminismo, la homofobia y el rechazo a los inmigrantes.
Los discursos son cada vez más violentos y crecen las intimidaciones a todos aquellos que se atreven a criticar. A la vez, hay elecciones y libertad de prensa. No hay presos políticos, funciona el Congreso y algunos jueces independientes evitan que se vulneren derechos. Por todo eso Finchelstein habla de “aspirantes” y plantea inquietantes preguntas hacia el futuro. En su criterio la radicalización extrema surgirá cuando las cosas no salgan como estos líderes mesiánicos esperan. En democracia ganar una elección no otorga un cheque en blanco para borrar el pasado, amedrentar o violar la ley. Si eso ocurre, sólo la sociedad podrá establecer límites a los abusos.

