Adelanto de «Argentina X», de Alejandro Agostinelli

Este nuevo libro explora posesiones, poltergeist, humanoides, fakes virales, y las extrañas vidas de profetas, políticos y celebridades X. Más que ofrecer respuestas, cada uno de los 14 capítulos de «Argentina X» es una invitación a pensar y a seguir reflexionando sobre el papel que juega la naturaleza humana en la génesis y en la raíz de estos fenómenos.

Las crónicas que conforman Argentina X –más que una verdad, una causa, una revelación– se concentran en los detalles y en las personas, los verdaderos responsables detrás de esos devenires anómalos. Si bien se denuncia y desenmascara, también hay lugar para la duda, como en el caso Vernier; para rescates maravillosos, como el socialismo interplanetario; puestas en valor u homenajes como el repaso de la vida del loco Vignati o de Fabio Zerpa y remembranzas inigualables como el fenómeno casi psicotrónico de los enanitos verdes.

A continuación, un fragmento a modo de adelanto:

Un fantasma en la red

En esta historia, las manifestaciones fantasmales son tres: el fantasma que protagoniza el relato, el narrador —una persona de identidad desconocida— y el etéreo territorio de las redes sociales. Síntesis del episodio: un vecino juró haber visto un espíritu ruidoso el martes 6 de octubre de 2015 y el consorcio celebró una reunión de emergencia para tomar cartas en el asunto. La decisión era impostergable. Solo había dos alternativas: bendecir el edificio para sacarse al fantasma de encima o dejar el tema de lado. Sir Mathius transmitió el relato desde su cuenta en Twitter (los sucesos ocurrieron antes que fuera rebautizada X). La noche del martes, y al día siguiente, portales, diarios, programas de radio y televisión, no hablaron de otra cosa. Informaron así:

Tuiteó cada detalle de una reunión de consorcio por un “fantasma” y se viralizó.
Habló de todos los vecinos y repitió las mejores frases de la reunión sobre la supuesta aparición. Y después descubrió que era “el hombre del momento” en Internet y hasta en algunos programas de TV. (La Capital)
Revolución en Twitter: ¿El consorcio bendice un edificio porque hay un fantasma?
Un usuario compartió un cartel de su edificio donde se convocaba a una reunión de consorcio para discutir la “presencia extraña”. Allí habrían decidido “exorcizar” los departamentos. El tema explotó en pocos minutos. (Clarín)
La reunión de consorcio de terror: vecinos temen por un fantasma en el edificio.
Vecinos alarmados por un posible fantasma en un edificio: el tweet que viralizó el drama. (Minuto Uno)
La increíble historia se conoció a través de Twitter, donde en pocos minutos se masificó. (TN)
Furor en Twitter: vecinos de un edificio atemorizados por un “fantasma”.
Espectros del más allá, redes sociales, miedo, escepticismo y diversión. Una historia que aún oscila entre la realidad y la ficción. (Perfil)

Hasta aquí, los titulares y copetes de los principales diarios y portales que “cubrieron” el caso. En un contexto marcado por la precarización laboral de los periodistas, el ritmo vertiginoso de la web y el sensacionalismo promovido por las empresas periodísticas, la calidad de la información en los medios masivos ha disminuido de manera alarmante en las últimas dos décadas. Cada vez más, las redes sociales y los blogs se convierten en fuente de noticias que, aunque a menudo carecen de confirmación, son difundidas de forma indiscriminada. Así, hay redactores encargados de salir a la pesca de novedades que viajan a velocidad viral en X, TikTok, Facebook o Instagram. Si calan, los editores encuentran en ellas una oportunidad para reconducir esa curiosidad a sus portales. “Su clic es trabajo” es el cínico refrán al uso.

La invención de noticias, naturalmente, no es algo nuevo. En este caso, los portales que difundieron la historia partieron de una presunción dudosa y cometieron un error que hubiera sido imperdonable si el tema fuese más delicado: asumieron que un relato en primera persona publicado en una red social iba a reflejar los hechos tal como ocurrieron. Cuando la historia sobre la presunta reunión de consorcio para expulsar el fantasma fue publicada, nadie sabía con certeza si lo que contaba Sir Mathius había acontecido. Era un relato intrigante y llamativo: decía que los vecinos que habitaban un edificio, parecido a tantos otros edificios, sintieron terror ante la posible presencia de un fenómeno increíble para muchos, pero, evidentemente, creíble para otros. Tanto la reunión como el relato fueron considerados genuinos, eso sin hablar de la existencia de una manifestación espectral. Aquellos medios dieron por sentado que el narrador de la experiencia participaba del encuentro que iba a determinar el destino del pobre fantasma. Tales circunstancias, esa escena de un grupo de inquilinos deliberando sobre la necesidad de convocar a un exorcista, eran fascinantes.

De los medios relevados solo uno fue cauto; los otros no solo dieron por buena la crónica in situ de un vecino sobre una cadena de sucesos en tiempo real, sino que le dieron a la narración un estatus de acontecimiento. El comportamiento de los editores cambió rápidamente; algunos, tal vez, porque fracasaron en sus intentos por entrevistar al tuitero; otros, quizá, porque cobraron súbita consciencia de que le estaban dando un carácter noticioso a una versión sin anclaje, o con un anclaje débil, en el mundo real. Algunos portales interrumpieron la cobertura. Otros eliminaron las notas del portal. ¿Cuántas fuentes habían sido chequeadas antes de difundir la noticia? Ninguna. Solo un supuesto vecino, Sir Mathius, estaba contando, desde su cuenta de Twitter, el desarrollo del asombroso caso. El usuario no solo era la fuente, era la única fuente. El anonimato muchas veces es condición del rumor. La noticia, en cambio, reclama protagonistas con nombre y apellido.

El espectro entra en escena

El primer post de Sir Mathius, enviado a las 15:21 horas de aquel 6 de octubre, destilaba ironía: “Tranqui el edificio. Gente normal”. La publicación iba acompañada de la foto de una nota escrita con marcador negro y pegada en la pared del ascensor, en la que se podía leer: “Hoy Martes 06/10 reunión en el hall. Hora: 18:30. Temas a tratar: Ruidos Molestos, Bendición del Edificio por posible Fantasma”. Alguien, con una birome, había agregado: “¿Es joda?”. Con una letra diferente, otro vecino contestó: “No, el viejo del 5° lo vio”. Al pie, enmarcando con un círculo azul la palabra “fantasma”, alguien más se preguntó: “¿Qué? Vayan a trabajar. El fantasma de la B”.

La referencia al “Fantasma de la B”, una broma futbolística que nació en redes sociales para burlarse de equipos que descienden o están en riesgo de descender a una división inferior, arrancó risas y añadió un toque de humor que convirtió el post en un éxito viral.

Bastó revisar el historial del tuitero para notar que tanta repercusión era poco común: a lo largo de ese día, la foto del cartel había acumulado cuatro mil quinientos retuits y cinco mil seiscientos “me gusta”.

La historia había empezado con un post en Twitter que podía describir un hecho cierto, una broma o una ficción más o menos elaborada. En el siguiente tuit, Sir Mathius añadió la foto de alguien envuelto en una colcha blanca. Y el epígrafe del usuario decía: “Acá, listo para ir a la reunión”. En el umbral del relato, un dejo de ironía e incredulidad creaba complicidad con sus seguidores. Con las horas, la narración de Sir Mathius comenzaba a crecer en realismo y fuerza dramática.

El relato de Sir no contenía datos personales. Cada vecino había recibido un apodo: “el viejo del 5º”, “la vieja del perro”, “el viejo mala onda”, “la minita”, “el tipo que toma nota de todo”, “el Fantasma de la B” y “la novia del Fantasma de la B”. ¡Una novelita!

A medida que el post de Sir Mathius ganaba tracción en redes, el tuitero volvió a la carga: “Estoy con una vieja que trajo a su perro. Mi novia no bajó”. El tuit, publicado a las 18:18, acumuló 137 retuits y 43 “me gusta”. Aunque breve, el comentario aportaba un matiz anecdótico que reforzaba el interés. La mención de “una vieja y su perro” añadió cotidianeidad, mientras que la ausencia de su novia desataba especulaciones sobre su presencia de ánimo ante lo que parecía estar sucediendo.

La interacción siguió escalando. Algunos planteaban teorías parapsicológicas mientras otros divagaban sobre el tono, tal vez irónico, del tuitero, que parecía alternar sus publicaciones entre el misterio y el humor. La historia ya no giraba alrededor de un cartel en el ascensor; se estaba convirtiendo en una crónica vecinal que mezclaba la posibilidad de lo paranormal con el absurdo.

“Yo vi un fantasma, señor. Era alto y me miraba mientras se cerraba la puerta del ascensor”, continuó Sir. Ese fue el testimonio, literalmente, de “el viejo del 5º”. Este viejo “es el mismo que casi quema todo porque puso las medias en el calefactor. No sé”, escribió Sir Mathius. Paradójicamente, mientras el narrador sembraba dudas sobre el supuesto testigo, su relato parecía ganar credibilidad. El hombre que quiso secar las medias en la estufa transmitía una inquietud verosímil. En ciertos momentos, el propio narrador parecía desconcertado o, quizá, atemorizado. A las 18:43, apareció un intercambio revelador. Sir preguntó: “¿Cómo sabe que era un fantasma?”. Respuesta: “Porque lo vi”. Y unos segundos después, escribió: “La vieja que tiene el perro quiere sí o sí la bendición del edificio”. Esos 290 retuits y 127 “me gusta” parecieron indicar el camino a seguir.

La mezcla de credulidad y urgencia parecía haber conquistado a los vecinos. La tensión ascendió otro peldaño con la siguiente afirmación: “No podemos vivir con un fantasma”. Sin embargo, volvía a colarse el humor: “Yo no voy a pagar una bendición”. Respuesta: “Eso no se paga”. El tuitero remató: “Jajajajajaja me muero”. ¿Se querría morir de miedo o atragantado por la risa? Ya veremos, porque esa publicación, que duplicaba el hit anterior, desarmó la seriedad que parecía asomarse y reforzó el tono tragicómico.

De pronto, la historia dio un vuelco hacia el escepticismo. A las 19:01, un tuit parecía desmentir la raíz del misterio: “Los ruidos no son el fantasma. Es uno que pone la música fuerte”.

¿Principio del fin del caso? ¡Por favor! Pocos en el vecindario estaban dispuestos a dejar escapar lo sobrenatural. De pronto, el intercambio se tornó más mundano: “Vea, yo no vi ningún fantasma, así que por mí no hagan nada”. “¿Y en qué te cambia?” “No sé.” Cuando la historia parecía perder fuerza, otro testimonio renovó el interés. A las 7:04, “el viejo del 5º” devolvía el enigma a su lugar: “Yo vi un fantasma, señor. Era alto y me miraba mientras se cerraba la puerta del ascensor”. Balanceándose entre lo cotidiano y lo extraordinario, los seguidores de Sir Mathius parecían poco interesados en saber si hubo o no un fantasma: el tuitero había atrapado aquella espontánea mezcla de voces, logrando convertir un hilo de tuits en una crónica de miedo y humor más o menos involuntaria.

¿Habemus bendición?

A las 19:06, según Sir, alguien propuso formalmente votar por la bendición. Así, surgió una variante inesperada sobre las diferencias que separan a laicos de creyentes. “No me parece bendecir el edificio cuando no todos somos religiosos. Yo no voy a pagar eso”, dijo un vecino. “¿Es posible echar a un fantasma por ruidos molestos?”, preguntó otro. Según Sir Mathius, “la minita” concluyó que el fantasma “no molesta a nadie”. Después de todo, el origen de los ruidos había sido identificado: era uno que ponía la música fuerte. “Por el temita de la música —tuiteó Sir— se decidió multar al de 8° con 1.500 pesos porque ya tenía un aviso.”

Con todo, “el viejo del 5º” insistió: él vio al fantasma. Era urgente bendecir el edificio. La señora identificada por Sir como “la vieja del perro” apoyó al del 5º: “La bendición tiene que ser ya. No podemos vivir así”. El tuitero consideró que no había evidencias suficientes: “Hagamos un grupo de WhatsApp y nos avisamos si lo vemos”. Al cabo de lo cual, la señora repuso: “Yo no voy a andar avisando por teléfono si veo un fantasma. Si lo veo, grito”.

A las 19:48, ocurrió algo aún más increíble. Sir Mathius posteó: “Se abrió la puerta del ascensor. No bajó nadie. Me muerrrroooooo”. La tensión alcanzaba su punto álgido. La escena, digna de una película de suspenso, fue seguida por otra publicación que reflejaba la desorientación general: “Blancos, los viejos”.

Después del acting del ascensorista fantasma, los vecinos eran un manojo de nervios. Y arreciaron las teorías. Esta fue la menos sobrenatural: “Pudo haber sido que alguien mandó el ascensor. Dice una mina que no dijo nada en toda la reunión pero votó negativo a la bendición”. La discusión cobró un giro inesperado cuando el presidente del consorcio intervino con una frase decisiva: “El fantasma no nos va a ganar. El viejo del 5º empezó a aplaudir y aplaudimos todos”. El comentario, que fue el más retuiteado de todo el hilo, selló la decisión de los vecinos: realizar una bendición en el edificio para espantar al presunto fantasma de una buena vez.

El hilo narrativo de Sir Mathius terminó con el resultado de la votación: “El sábado hay Bendición. Si hay algo en la cartelera prometo avisar. No sé. Ahora quiero ver el fantasma”. La bendición ganó 8 a 4. Se iba a realizar, posteó Sir, el sábado 10 de octubre. Pero al otro día anunció: “Post scriptum: Bendición adelantada”. Anochecía cuando el usuario publicó: “La Bendición es el viernes a las 18:00. Confirmado. El Padre Fernando será el encargado”.

¿Cómo siguió el relato nuestro fantasmático corresponsal? El viernes 9 de octubre, Sir Mathius propuso el hashtag #LaBendicion para retomar la historia. El consorcio bajó al hall y, bajo la consigna de “el fantasma no nos va a ganar”, el padre Fernando recorrió los departamentos con un incensario para bendecir “comedor, cocina y algo de pasillo”. El seguidor Walter Albarracín (@wdalbarracin), posteó: “El tl con #LaBendicion de @Sir_Mathius es como un Proyecto Blair Witch en cuotas de 140 caracteres”. Poco antes de las 18 horas, los retuits y comentarios mostraron al “pueblo twittero esperando ese momento épico”. Tras #LaBendicion, el interés decayó. Pero Sir ya había acopiado 17.943 seguidores sobre el escueto millar que tenía un día antes de la presunta reunión, el 5 de octubre.

 

El relato, que bien podría ser ficción, se volvió real. “Real”, aquí, quiere decir “vivo”; una transmisión en directo desde una red social adquirió la dinámica establecida por un solo narrador. ¿Cuántas fichas les pusieron los seguidores a sus pretensiones de veracidad? Todas, ninguna o la imaginable escala de grises. Algunos sonrieron —la sonrisa ante relatos sin pruebas suele ser considerada una reacción saludable—; otros aceptaron la historia tal como vino; los escépticos suspendieron el juicio a la espera de confirmación, y, por último, están aquellas personas que pasaron del asunto.

Del caso solo existía un documento: la nota pegada en el ascensor. Con ese único elemento y los tuits, Beto Casella llevó la historia a su programa Bendita TV. Debatir la posible presencia de un fantasma en una reunión de consorcio que estaba por decidir cómo expulsarlo, que puede incluir o no una bendición, es un maravilloso tema de conversación. “Los fantasmas en los edificios están insoportables”, entró Casella en tema. El informe analizó las inscripciones agregadas al cartel del ascensor.

Sir Mathius parecía conforme con la emisión que le había dedicado Casella: el enlace estuvo mucho tiempo debajo de su presentación en X: “Esta cuenta no existe. Encantador. Hicimos bendecir el edificio porque teníamos un fantasma. Queda bien seguirme. Profe”, escribió.

Fake news es la categoría que designa informaciones falsas o eventos que no tuvieron lugar, a menudo virales, transformados en “noticia”. Noticias inexistentes o deformadas, creadas para desinformar, confundir o engañar, circulan con tanta rapidez que los medios responsables, los verificadores de datos o la Justicia siempre llegan tarde. Acciones como identificar fuentes, entrevistar testigos y determinar si existen pruebas de narrativas dudosas apenas logran difusión, y casi nunca alcanzan la misma visibilidad que la mentira original.

Esta definición no aplica a las falsas noticias satíricas, que si bien pueden marear a lectores desprevenidos y, desde luego, causar daño, son más sencillas de localizar, interpretar y contextualizar a partir del canal que las propaga. Tampoco aplica a las parodias que, por definición, evitan todo guiño o indicación aclaratoria. Por eso, como reza la ley de Poe, a menudo “es difícil o imposible distinguir entre una postura ideológica extrema y la parodia de esa misma postura”. Sin duda, los dichos de un usuario anónimo de redes sociales comparten la misma credibilidad que se le otorga a un rumor. Esto, que para algunos puede parecer obvio, no les importó a los medios que publicaron el caso. Por supuesto, también hubo editores que, ante la duda, optaron por ignorar la historia.

Otros, con más o menos sentido del humor, la difundieron sin filtro. Sir añadió detalles emotivos que parecían denotar que las cosas pudieron suceder tal como las contaba: “Llegó el capo del consorcio. Todos nos saludamos como con miedo”. Los pormenores que humanizan una situación extienden una conveniente pátina de verosimilitud. Ahora bien, si el relato fue falso y la fuente permanece en el más firme anonimato, ¿cómo detectar una posible fabulación? Desde el primer día le propuse a Sir Mathius una entrevista, sin recibir respuesta. Probablemente no fui el único periodista que lo intentó. Pero ningún reportaje salió al aire o fue publicado.

A falta de otros protagonistas, los consultados fueron varios cazafantasmas. “Tal vez alguna persona murió en el lugar, o tiene que ver con la tierra sobre la que está construida la estructura”, declaró Ariel López, de Ghost Hunting Argentina. “Hay que encontrar la causa. De ahí en más, ver qué se puede hacer para que siga su camino. Por lo general, ese recurso es una solución provisoria. Los fantasmas siempre vuelven.” El temor atribuido a los vecinos, aseguró, no estaba justificado: “Si quisiera causar daños, ya lo hubiera demostrado. Para eso necesitan mucha energía y una relación con la persona a la que quieren perjudicar. Si estamos hablando de una aparición nada más, seguramente busca comunicarse”.

Terrores de laboratorio

El primer indicio de que los tuits de Sir Mathius son un ejercicio narrativo aparece cuando echamos un vistazo a sus tuits anteriores, donde prevalece un tono ácido. La web en general y las redes sociales en particular favorecen la circulación de engaños artísticos, lúdicos, humorísticos, didácticos, filosóficos y comerciales. No parece haber sido así, pero si la farsa continuaba, Sir podría haber aprovechado los seguidores que reclutó para ofrecer, a posteriori, publicaciones, películas o videojuegos derivados de la historia. Entre los ejemplos de fiascos creativos de los comienzos de la web, uno de los pioneros fue The Blair Witch Project, una película independiente de bajo presupuesto que prometió revelar una historia de terror basada en hechos reales, usando para su estrategia un sitio web que contenía presuntos documentos. Mientras los usuarios ignoraron que la campaña de marketing se proponía borrar las fronteras entre ficción y realidad de forma deliberada, el sitio recibió setenta y cinco millones de visitas en la primera semana. El film, un drama de terror psicológico, fue, comercialmente, el más exitoso de todos los tiempos: por cada dólar invertido en la película, la productora ganó diez mil, un fenómeno único en la historia del cine.

Otro ejemplo en el mismo rubro es This Man, un sitio que en 2006 ofrecía “ayudar y conectar entre sí” a quienes habían soñado con un hombre de cejas gruesas, una especie de Sai Baba rapado. El sitio exhibía carteles de Ese hombre pegados en los siete rincones del mundo y recopilaba historias de las visiones. Su creador, Andrea Natella, fue hacktivista del grupo italiano Luther Blissett. Natella vio su obra coronada cuando el retrato de This Man apareció en el segundo episodio de la temporada 11 de The X-Files. Así empezó también The Dionaea House, un misterio epistolar online que escribió Eric Heisserer en 2004 en webs y blogs. La fama que el caso proporcionó a su autor le ayudó a conseguir trabajo como guionista en la Warner Bros. El caso diseminó el concepto de “creepypasta”, leyendas de miedo, casi siempre anónimas, que parecen reales y son compartidas (el origen etimológico del concepto podría ser “miedo contagioso” o “copypasteado”) por usuarios que ignoran su carácter artificial.

El horizonte del creativo no siempre es conseguir un contrato en Hollywood. La psicóloga Lucía Manucci explica:

La explicación más sencilla: una broma pesada que escapó a su creador de las manos y fue replicada por otros alrededor del mundo. En el ambiente de los creepypasta más famosos es algo muy común, Slenderman, Jeff The Killer y otros personajes tienen autores conocidos, pero hay infinidad de historias que circulan porque así funcionan, está en la naturaleza misma de los creepypasta que el fenómeno se reproduzca o repita la aparición de un mismo ser en diferentes contextos.

Si Sir Mathius quiso crear un creepypasta, por alguna razón decidió no continuar. En términos de impacto, su iniciativa fue un éxito: por su relato pasó a ganar más de siete mil setecientos seguidores en X. Estuvieron pendientes de la historia 4.585 usuarios y otros 3.834 compartieron sus publicaciones. A fines de 2017 tenía más de ciento dieciséis mil seguidores.

Una moneda para el fantasma

El 13 de noviembre de 2017, le envié otro mensaje privado a Sir Mathius. Le recordé que le había escrito antes, cuando le indiqué el enlace a una breve nota que había publicado en FactorElBlog.com cuestionando que los medios asumieron la realidad de los eventos, y le anticipé que iba a incluir este caso en un libro: “Este mensaje es otro intento por conversar con vos. No quisiera que mi conclusión fuera: ‘Como Sir nunca me contestó, es probable que haya inventado la historia de cabo a rabo’. En vez de especular prefiero contar tu versión de los hechos”. Y le dejé mi número de teléfono. Antes de abandonar por cansancio, le pedí que al menos me dijera: “No, gracias”. Así obtuve la primera respuesta.

—Interesante sería que me dijera si hay dinero para mí…
—Ja. Soy periodista. No te puedo ofrecer dinero. Pero lo tomo como una respuesta, si te parece.
—¿Ni un libro me van a regalar?
—¡Claro que sí! Ese libro incluirá muchas historias y esta será una de ellas. Habrá cortas y largas. La puedo hacer cortita y al pie, también. Depende de tus ganas. Pero si me contás algo de tu divertimento, aunque sea breve, te regalo un libro. Perdón por apresurarme. Me refería a la tenebrosa experiencia paranormal que viviste en tu edificio.

No acostumbro a usar un tono sarcástico en mis invitaciones al diálogo, pero esta vez lo hice para provocar una reacción. Funcionó.

—Hace dos años y un mes que no volvió a pasar nada. Igual me hicieron firmar un papel para que no pueda hablar más de cosas del edificio. Como dato extra, te puedo decir que estamos a media cuadra de la morgue y que eso fue lo que explicó un poco el evento. No sé.
—¿Por qué nadie más habló del asunto? Varios medios difundieron tu historia, un relato supuestamente en tiempo real de un anónimo, sin verificar si se trataba de una ficción.
¿No te pareció asombroso?
—Hablé con varios telefónicamente, pero no salí en los medios. No me pareció necesario. Y por qué fui el único. Porque fui elegido vocero. Una vez terminada la bendición, la decisión fue no hablar más del edificio. En cuanto al tratamiento del caso, me pareció asombroso y me impresionó la necesidad de inventar de los medios.
—¿A qué te referís?
—Inventaban cosas con relación a nosotros.
—Fuiste elegido vocero, me dijiste. ¿Para hablar con quiénes?
—Ante la repercusión de la primera reunión, algunos pidieron que no se hablara más, y votamos para que yo pudiera tuitear la bendición.
—Pero comentabas que hablaste con periodistas telefónicamente. Por eso te repito la pregunta: ¿para hablar con quiénes?

Como se produjo un silencio, volví a la carga. Y pensé algo más. ¿Qué hubiera ocurrido si le ofrecía dinero? Quizás mi interés, a dos años del evento, representaba para él la oportunidad de cosechar el eventual rédito económico que no obtuvo en 2015. Hubiera sido una suerte de compensación: admitir que creó la historia suponía el riesgo de perder credibilidad ante parte de sus seguidores.

—En tu relato sobre el desarrollo de la bendición no apareció ningún elemento que permitiera verificar que el evento ocurrió. Me dijiste que te hicieron firmar un papel “para no hablar más de cosas del edificio”, pero lo primero que me preguntaste fue si había dinero para vos. Notarás que muchos tuvimos, me incluyo, buenas razones para sospechar que todo fue una simpática tomadura de pelo. De todas maneras estoy muy agrade￾cido de que aceptaras este intercambio. ¡De verdad!
—Siempre quieren todo gratis. Unos vivos. Yo no voy a poder hacer que dejes de pensar si fue real o no. Queda en vos. Solo te voy a decir que lo vivimos y fue real.
—¿En serio pensás que tenemos que pagar a los entrevistados? Si yo fuera dueño de un medio comercial y te pidiera una columna para que cuentes tu experiencia, debería hacerlo. No es el caso. Soy un periodista reuniendo información para un libro que intenta recoger el relato de primera mano de los protagonistas de ciertos hechos. Si tu decisión es preservar el anonimato y no revelar detalles que permitan verificar tu relato, estás en tu derecho y lo respeto. Pero si alguna vez decidís dejar de ser anónimo, ya tenés mis referencias. Saludos y muchas gracias por esta conversación.

Desde ese día, Sir, el fantasma tuitero, me clavó el visto.
La oferta sigue en pie. Si hay próxima vez, Sir Mathius tiene una copia de este libro a disposición.

Un cronista a la caza de fantasmas, alienígenas y demonios
Publicada por: Fondo de Cultura Económica
Fecha de publicaci贸n: 01/08/2025
Edici贸n: primera edicion
ISBN: 9789877195910
Disponible en: Libro de bolsillo

Lo último