¿Qué nos ocurre cuando sentimos? ¿Por qué ciertas pérdidas nos desarman por completo? ¿Cómo puede una emoción alterar el curso de una vida, una obra o un pensamiento? A partir de estas preguntas, Didi-Huberman propone una reflexión lúcida y sensible sobre aquello que nos atraviesa con una fuerza muchas veces incontrolable.
Lejos de intentar clasificar o domesticar lo emocional, el autor se detiene en su potencia: en su capacidad de desbordar, de transformar y de abrir nuevas formas de comprensión. Las emociones aparecen aquí como un territorio ambiguo —íntimo y colectivo, propio y ajeno— que pone en juego tanto la fragilidad como la intensidad de estar vivos.
A lo largo de estas páginas, el libro explora el lugar de las emociones en distintos campos —el arte, la filosofía, la ciencia— y en la vida cotidiana, interrogando sus límites: ¿es posible no sentir?, ¿existen emociones neutras?, ¿qué hacemos con aquello que nos conmueve?
Con la claridad y profundidad que caracterizan su obra, Didi-Huberman ofrece una invitación a mirar de frente lo que nos afecta, a habitar esa incomodidad y a reconocer en ella una forma de conocimiento. ¡Qué emoción! ¿Qué emoción? no busca respuestas cerradas, sino abrir un espacio de pensamiento sobre aquello que, inevitablemente, nos constituye.
A continuación, un fragmento a modo de adelanto:
Preguntas | Respuestas
No comprendo por qué uno se ocultaría para llorar, llorar no tiene nada de ridículo. Yo lloro mucho porque me ocurren muchas cosas en mi vida. Realmente una vez lloré prácticamente durante dos horas y nunca me oculté, no es vergonzoso llorar.
Estoy de acuerdo. Pero también estás de acuerdo con que muchos niños tienen cierta vergüenza de llorar. Los niños que miran llorar a los otros a veces lo aprovechan, y eso se convierte en una especie de juego de maldad, uno que es más débil y el otro que es más fuerte. Eso es lo que yo quería criticar. Cuando lloraste durante dos horas, durante dos horas mostraste hasta qué punto estabas desesperado y triste, en un sentido fuiste valiente porque lo afirmaste. Pero estás de acuerdo conmigo en que no todos los niños son así.
Lo que no comprendo es por qué otras personas se burlan de la gente que llora, porque eso podría ocurrirles también a ellos.
Es un poco lo que traté de decir. Cuando uno llora muestra un poco de fragilidad, de debilidad, y la pregunta es la siguiente: el que está del otro lado ¿se va a aprovechar o no? Por ejemplo, no sabes nadar, te caes al agua y tiendes la mano. ¿El que está en la orilla te va a hundir la cabeza con su pie o te va a ayudar a salir? Eso se llama ética, moral, son elecciones que hacemos; o te ahogas y alguien te ayuda, o te ahogas y alguien se va, le importa un bledo. Es un verdadero problema filosófico que nos sigue a lo largo de toda nuestra vida, estamos frente a elecciones. Está bien que te des cuenta de que mostrar debilidad no significa obligatoriamente que vas a dejar que además te peguen. Pero desgraciadamente en muchos casos es así. ¿Estás de acuerdo conmigo?
Sí.
Eso me complace.
¿Por qué se tienen varios sentimientos cuando se llora?
No dije eso para todos los casos. Pienso que en algunos momentos uno puede llorar por una cosa muy sencilla, y en otros nuestras emociones son complicadas. Dije al principio que de niño lloraba tanto que, de alguna manera, debía experimentar cierto placer. Ahora no sabría decir cuál, ni por qué. Pero pongo el placer al lado de llorar, cuando normalmente llorar no es placer. En consecuencia, hay dos cosas que se yuxtaponen una a la otra, que se mezclan. ¿Nunca sentiste cosas así, sentimientos un poco complicados? Depende de los casos, no existe una regla general. Por otra parte, quiero aclarar que un filósofo no es en ningún caso alguien que dice cosas generales, sino cosas precisas, lo que de ningún modo es semejante. Son las palabras de Bergson, la filosofía no es general, debe ser precisa. Debemos plantearnos problemas precisos y tratar de darles respuesta. Eso significa que soy prudente, no digo que todas las emociones son complicadas y dobles sino que ciertas emociones lo son. Eso ya es interesante decirlo. Pero no digo que todas las emociones son dobles. Ciertamente existen emociones muy sencillas, claro está, por ejemplo la admiración. Es una de las emociones más importantes para mí, enfrentarme a algo que me parece magnífico. En el momento en que eso ocurre es muy sencillo… tan sencillo como un proyector que repentinamente cayera sobre esta escena.
A veces uno llora y no sabe explicar por qué. ¿Es normal?
Sí.
Es extraño porque nos preguntan por qué lloramos y uno responde: “No sé”.
Lo que estás diciendo lo dije a mi manera. Dije que si la emoción es más grande que yo –a la vez tan profunda que no llego a reconocerla, o bien porque también atañe a los otros– entonces no logro que sea mi propia emoción, ella me posee y yo no. Por eso no logras decir por qué estás emocionada. Es totalmente normal que en un momento determinado no tengas palabras para eso. Pero si comienzas a reflexionar, a convertirte en una joven filósofa, vas a decirte que aunque no tengas palabras puedes tratar de expresar el hecho de que no tienes palabras. Eso es la filosofía: poner palabras incluso a las cosas para las cuales espontáneamente no las tenemos. Se necesita cierto coraje o trabajo, hay que mirar a aquellos que pensaron en eso antes que nosotros un poco mejor, porque existen muchos grandes filósofos que trabajaron mucho antes que nosotros. Esto supone que se lea un poco pero, al final, uno llega a dar palabras a las cosas que algunas veces nos dejan sin ellas.
No comprendí bien la relación con María Magdalena que se arranca los pelos.
La historia es que María Magdalena es una mujer de la que se dice en algunas leyendas que era una prostituta, ella es muy corporal, muy sensual. Descubre a Cristo y en cierto modo se enamora de él, pero evidentemente no se dirán las cosas de ese modo. Cuando Cristo muere en la cruz ella es la más desesperada. Está San Juan muy abatido. La Virgen, la madre de Cristo, se desvanece de dolor en general. Pero María Magdalena, por su parte, está desencadenada. En la representación habitual de María Magdalena, ella lleva una gran túnica roja, no se ve más que esa túnica y su pelo, una larga cabellera rubia o pelirroja. Aquí el artista hizo una elección increíble. Puso a esta mujer una vestimenta de la Antigüedad clásica, pagana, es decir, aquella que llevaban las ménades, las mujeres que hacían fiestas para Dioniso. Ella está tan desesperada por la muerte de Cristo que se arranca un mechón de pelo. Eso corresponde a un verdadero gesto que hacía la gente en la época de Cristo, mucho antes, y después, en la religión judía. En la actualidad ya no se arrancan el pelo, pero se cortan una pequeña franja para decir que se está de duelo. Es una especie de ritual más juicioso que el ritual original, que hace que se arranquen el pelo de dolor. Se ve que ella tiene ese mechón de pelo en la mano. Pero si tú conoces la representación de esas mujeres paganas de las que hablé hace un momento, las ménades, ellas también esgrimen cosas en sus manos. En la Antigüedad griega tomaban un conejo vivo y se lo comían crudo mostrando su carne. Era algo completamente loco. Esa imagen, pues, mezcla dos tradiciones absolutamente opuestas: la tradición pagana –las ménades, Dioniso el dios del vino– y la tradición judeocristiana. En una imagen, como en un gesto, es posible mezclar dos cosas contradictorias. Recuerdo haber visto una bailarina hindú con la mitad derecha de su cuerpo que danzaba un personaje y la mitad izquierda que danzaba otro personaje. Era increíble, esa mujer dividida en dos narraba la historia de dos personas con un solo cuerpo. ¿Has comprendido mejor?
Comprendí que eso representa la tristeza de María Magdalena.
En el gesto de arrancarse el pelo está toda la tristeza del mundo. Pero ella es tan sensual, tan erótica, evoca esa reminiscencia de las Ménades, y esa tristeza se mezcla con una cosa completamente distinta. Cuando uno está triste no tiene ganas de hacer tonterías. Aquí tenemos, juntas, dos cosas opuestas. ¿Por qué la persona que escribió el libro sobre la emoción decía que los ingleses casi no lloran? Es una buena pregunta. Dice eso porque en la época en que escribe, la época victoriana –por el nombre de la reina Victoria–, el hecho de expresar sus emociones estaba mal visto en la sociedad. Un hombre debe ser impasible, no tener pasiones. Es un poco como los cowboys, no sé si se ve a John Wayne llorar en alguna película, habría que buscar, es posible. Esa historia de ingleses es la historia de una sociedad que tiene valores, y en esos valores el hecho de estar emocionado es un valor negativo. Eso es lo que dice Darwin.







