Periodismo Justo

Manchas

Mauricio Macri presentó a los integrantes de su gobierno como los campeones de la transparencia. Definió a su gabinete como el mejor de los últimos cincuenta años. Una suerte de aristocracia formada en las grandes empresas del país y preparada para administrar con eficacia nunca vista la estructura del Estado.


Un año y medio después del inicio del mandato, la sucesión de errores y las enmiendas posteriores se convirtieron en una marca de la gestión. La designación por decreto de miembros de la Corte Suprema, los aumentos en las tarifas de los servicios públicos, el recorte del presupuesto para Ciencia, el cambió del feriado del 24 de Marzo y el retoque en las jubilaciones, son algunos ejemplos.

Y luego el acuerdo con el Correo, donde el gobierno de Macri apareció condonando una deuda millonaria a la familia Macri que, por otro lado, mantiene un juicio millonario con el Estado que administra Macri. El escándalo llevó al presidente a decir que todo volvería a “foja cero”. Los costos políticos de este culebrón familiar son difíciles de mensurar todavía pero está claro que detonaron la primera gran crisis de confianza pública en el gobierno.

La historia brinda lecciones que pocos se detienen en aprender. Algo parecido le pasó a Cristina Kirchner con el general César Milani. Lo nombró Jefe del Ejército en 2013 pese a las impugnaciones que le hicieron distintos organismos de Derechos Humanos. Milani aparecía denunciado por su participación en operativos represivos cuando era subteniente en el norte argentino durante la última dictadura.

La ex presidenta lideraba un gobierno que impulsó, como pocos, la política de Memoria, Verdad y Justicia. Desde la recuperación del predio de la ex Esma el gobierno había impulsado los juicios a represores en todas las instancias. Por otro lado, por denuncias como las que pesaban sobre el Jefe de las Fuerzas Armadas, había decenas de militares presos. Sin embargo, Milani aportaba adhesión a su proyecto político y capacidad de “inteligencia” en medio de la sorda confrontación con la estructura oficial de espionaje comandada por Jaime Stiuso. Cristina Kirchner eligió sostenerlo. Contó con el silencio de muchos y la adhesión de Hebe de Bonafini, titular de Madres de Plaza de Mayo.

Macri eligió ponerse un delantal impoluto de eficacia y honestidad. Cristina Kirchner lucía uno parecido en la defensa de los Derechos Humanos. Dice el ingenio popular que en un delantal blanco las manchas se notan mucho más.