sábado 18 de noviembre
Interesante

Adelanto de “Masetti – El periodista de la revolución”, de Hernan Vaca Narvaja


En la famosa foto del Che, aquella de Korda que dio vuelta al mundo, había alguien más a quien la magia del revelado dejó a un costado: el argentino Jorge Ricardo Masetti. Fundador de Prensa Latina -la agencia de noticias cubana que llegó a pelearles el lugar a gigantes como la Associated Press y la United Press-, fue uno de los primeros en entrevistar a Fidel Castro y a Guevara cuando todavía combatían en Sierra Maestra.

La aventura del periodismo fue un destino al que Masetti se entregó sin vacilaciones, con el mismo fervor con el que se incorporó a la causa revolucionaria, comandando el primer intento de guerrilla rural en la Argentina. Pero se ha perdido su rastro, y sus restos nunca fueron hallados en el monte salteño donde se instaló con sus camaradas de lucha.

Tras entrevistar a muchos de los participantes de los hechos, consultar material inédito hasta ahora y revisar periódicos y publicaciones, Hernán Vaca Narvaja ha escrito un libro de aquellos que no se pueden dejar de leer. En su trabajo, la figura de Masetti se convierte en síntesis y símbolo de una época tan convulsionada como fascinante.

A continuación un fragmento, a modo de adelanto:

12 – La agencia del Che

Contrariamente a los augurios del presidente de la SIP, Prensa Latina no sería “una agencia al servicio del comunismo internacional” ni duraría “menos de un mes”. Por el contrario, logró competir y por bastante tiempo con las agencias internacionales de noticias. Como forjador y primer director, Masetti dejó asentada en un breve manual de estilo su idea sobre las funciones y el modo de encarar las noticias de la nueva agencia.

Masetti explicaba allí que “las dos cualidades esenciales del periodista que trabaja en una agencia informativa son exactitud y rapidez. Y este orden correlativo en que se les señala no excluye que ambas se ejerciten al unísono”. “Es necesario —agregaba— que siempre se tenga presente que el dar exactamente una noticia, y antes que todos los demás competidores, constituye el crédito y, por ende, el éxito de una empresa informativa.” Estaba convencido de que la credibilidad debía estar por encima de la filiación política. Si se pretendía competir con las agencias internacionales, había que ser riguroso en el tratamiento de la información. Los términos utilizados en su manual se ajustaban estrictamente a los principios rectores del ejercicio liberal de la profesión: “Una llamada telefónica adelantando la crónica puede originar el cable o la noticia radial que haga que nuestros clientes valoren la rapidez de nuestro servicio. Siempre hay que llegar antes que los demás, de lo contrario no seremos considerados eficientes”.

El manual era igualmente ortodoxo al diferenciar información de opinión: “El periodista de Prensa Latina representa a una empresa internacional en busca de noticias y, por lo tanto, no debe hacer declaraciones, sino procurarlas. No debe hablar oficialmente de su país —sea este el que fuere— porque cada palabra suya va a ser tomada como la opinión de la agencia. Y una agencia informativa no debe opinar, sino informar. Los diarios y radios que solicitan nuestro servicio no lo hacen para conocer nuestras opiniones, sino para que les ofrezcamos simplemente noticias con las cuales formar ellos y su público sus propias deducciones”.

Exigía a sus periodistas que no se limitaran a transcribir la información, sino que la pusieran en contexto: “Para que la misión de la agencia sea cumplida cabalmente, no debe proporcionar sólo noticias, sino que la noticia que emite debe ir seguida de inmediato por la información (…) La noticia en sí, sólo entera al público. La noticia informativa, lo ilustra (…) La hora de una partida o simplemente las palabras: ‘culpable’ o ‘inocente’, son ‘noticias’ y deben ser una primicia. Pero el público querrá saber de inmediato mucho más. Querrá pormenores, estar al tanto de la mayor cantidad de datos posibles. Si a la partida concurrieron tales o cuales personalidades, si el viajero se iba contento o malhumorado, si llevaba bajo el brazo un libro de X o de Z y hasta si abrazó o no a quienes lo despedían. O si el reo recibió la noticia de culpabilidad con entereza, si el público aprobó el veredicto, etc.”. A los criterios de rapidez, eficiencia y responsabilidad, añadía la necesidad de utilizar un lenguaje simple, conciso, acorde a la mejor tradición del periodismo norteamericano: “Las oraciones cortas y desprovistas de palabras innecesarias y la ausencia de toda adjetivación deben ser las características distintivas de las informaciones de Prensa Latina”.

Sabía que el rigor en el tratamiento de la información era una condición sine qua non para forjar una trayectoria sustentada en la credibilidad; y que, al ser creíble, la agencia establecería naturalmente una relación de responsabilidad recíproca con sus fuentes.

Con estas directivas y la premisa de competir con las agencias internacionales proporcionando información antes y mejor que el resto (“exactitud y rapidez”), Prensa Latina se puso en marcha con una redacción integrada mayormente por jóvenes entusiastas que poco sabían del oficio y nunca habían trabajado en una agencia de noticias. En los cargos jerárquicos y las corresponsalías, en cambio, eligió a profesionales con experiencia. El jefe de redacción era el argentino Carlos Aguirre, que tenía como editores jefes a su coterráneo Rogelio García Lupo, al mexicano Armando Rodríguez Suárez y a los cubanos Baldomero Álvarez Ríos, Ángel Augier, Patricio Cuevas, Armando Fernández y José Luis Pérez. Los redactores eran en su gran mayoría cubanos, junto a unos pocos argentinos. La sección de deportes era cubierta por Ricardo Agacino, Severo Nieto y Gabino Delgado.

El primer reportero gráfico en incorporarse fue el argentino Antonio Módica. Su esposa Marcela, mexicana, cumplía tareas administrativas junto a la cubana Concepción “Conchita” Dumois, quien sería la secretaria privada —y futura compañera— del propio Masetti. En junio se sumó Rodolfo Walsh como jefe del Departamento de Servicios Especiales. La redacción en La Habana era apuntalada por un calificado staff de corresponsales en América Latina: Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez (Colombia), Mario Gil (México), Eleazar Díaz Rangel (Venezuela); Teddy Córdoba (Bolivia); Aroldo Wall (Brasil); Lenka Franulic (Chile); Juan Carlos Onetti (Uruguay); Edgar Tríveri y Ángel Boan (Estados Unidos).

Walsh recuerda que “los monopolios informativos reaccionaron ante la competencia como todos los monopolios. La guerra desatada contra Prensa Latina invocó el pretexto de que era una agencia oficial. Prensa Latina era, por supuesto, tan oficial como United Press, Reuter o France Press: no hay en el mundo una agencia que no responda a los intereses de un Estado nacional, o de un grupo monopolista estrechamente vinculado a ese estado. La diferencia consiste en que los países dominantes del mundo occidental prohíben ese lujo a los países dependientes. Las tentativas realizadas en Argentina y Brasil durante los gobiernos de Perón y Quadros fracasaron ante la embestida de las agencias norteamericanas que contaron como aliados a los grandes diarios comerciales de ambos países, para quienes el periodismo estatal es un crimen cuando se trata del Estado nacional, y no lo es cuando detrás se oculta el poder extranjero”.

Los periodistas y corresponsales de Prensa Latina pronto interpretaron el espíritu competitivo fomentado por Masetti. Más allá de las cuestiones ideológicas, querían derrotar con la mejor información a las agencias internacionales. En poco tiempo, metieron varios “palos” que dejaron mal parada a “la incompetencia”. Walsh señala que “al tener que competir con nosotros, con un conocimiento del medio local que no excedía los despachos ministeriales o el lobby de los grandes hoteles, se encontraban en una impresionante desventaja. Esa prueba no les gustaba para nada, y aunque mejoraron momentáneamente su servicio, acentuaron la campaña de desprestigio y la presión sobre los dóciles gobiernos”.

A menos de un año de su debut, Prensa Latina tenía veinte filiales en América Latina. Con la redacción organizada y el engranaje periodístico aceitado, Masetti comenzó a viajar seguido para afianzar las corresponsalías, buscar mejor equipamiento y promocionar la agencia. El 20 de octubre anunció en Venezuela la inauguración del servicio de teletipos entre Caracas y La Habana. Para entonces, Prensa Latina emitía un promedio de doscientos despachos diarios. El 24 de octubre estuvo en Bogotá y a fines de noviembre viajó a Panamá para anunciar la convocatoria a una conferencia internacional de directores de agencias.

El 12 de enero de 1960, a un año del triunfo de la revolución cubana, Masetti presidió la Primera Reunión Internacional de Agencias Informativas. Las agencias norteamericanas la definieron como “la reunión de la prensa roja en La Habana”. El encuentro fue un éxito: asistieron delegados de CETEKA, de Checoslovaquia; de la Japan Press Service, de Japón; de la TASS, de la Unión Soviética; de la TANJUG, de Yugoslavia; de la Agence Telegraphique de Bulgaria; y de la Polish Press Agency, de Polonia. La República Democrática Alemana adhirió al encuentro a través de un mensaje de la Allgemeiner Deustcher Nachritendient (ADN). En su discurso de apertura, Masetti se quejó de la incesante agresión norteamericana: “Surgimos al surgir la revolución cubana. Y el imperialismo nos puso todas sus trabas, se recurrió a todos los medios para perseguir a nuestros corresponsales y para que nuestros equipos no traspasasen las aduanas. En cada país hay un cipayo dispuesto a servirles y entorpecer nuestra labor”. Luego pronunció la frase que mejor definía su pensamiento, concebida al calor de su creciente protagonismo en la revolución: “Nosotros somos objetivos pero no imparciales. Consideramos que es una cobardía ser imparcial, porque no se puede ser imparcial entre el bien y el mal. Nos llaman agitadores, pero eso no nos asusta. Seguiremos anunciando nuestra presencia a los hermanos de Panamá y de Puerto Rico, y les seguiremos afirmando: pongan bombas, echen a los gringos, que todo el mundo se enterará”.

A seis meses de la creación de Prensa Latina, Masetti había radicalizado su pensamiento: la misión de la agencia ya no era informar primero, ni hacerlo mejor, sino dar a conocer lo que otros ocultaban y alentar, a través de la difusión de sus noticias, la lucha de los pueblos. “Nacimos en Cuba, porque en Cuba nació la revolución de Latinoamérica, y nosotros tenemos la misión de hacer la revolución en el periodismo de Latinoamérica.”

UPI y AP habían denunciado que no habían sido invitados los directivos de las agencias de noticias europeas. Masetti les contestó exhibiendo el crecimiento de su agencia en Europa oriental, África y Asia: “Prensa Latina es la voz de Latinoamérica y Latinoamérica no tiene otro color que no sea el de su voz, grito permanente de justicia, de rebelión contra el imperialismo. Prensa Latina ha dado su primer paso hacia su conversión en agencia mundial, al concretar acuerdos de intercambio de noticias similares a los que mantienen otras agencias informativas internacionales”.

Masetti viajó a Estados Unidos invitado por la Asociación Nacional de Editores de Diarios, que agrupaba a doscientos periódicos de la población negra norteamericana. En el acto de clausura denunció que “la política de informar con arreglo a intereses extraperiodísticos ha sido y es uno de los principales motivos que se oponen a la mutua comprensión y conocimiento de los pueblos del continente”. También elogió a los movimientos independentistas del África, a los que definió como “el símbolo que está dando crecimiento a nuevos países libres y sin prejuicios raciales”.

En febrero de 1960 visitó Puerto Rico, invitado por la asociación Amigos de la Nueva Cuba. Tenía que disertar en el Colegio de Abogados y en el municipio de Mayagüez, pero se resistió a hablar en el salón asignado porque detrás del estrado se veían las banderas de Puerto Rico y de los Estados Unidos. Hablar allí —explicó— supondría avalar el estatus político de Puerto Rico como “Estado libre asociado” a los Estados Unidos. Las autoridades se negaron a retirar las banderas y el acto se tuvo que realizar en un salón contiguo. Masetti habló sin micrófono ante doscientas personas que lo escucharon de pie. Destacó que en apenas ocho meses de funcionamiento Prensa Latina había logrado llegar a todo el mundo. Mencionó el caso de Chile, donde entre los seis diarios que habían contratado sus servicios estaban “el órgano católico y el órgano comunista”. Dijo sentirse orgulloso de que el diario más austral del mundo, El Magallanes de Punta Arenas, publicara los cables de la agencia cubana. La misión de Prensa Latina, insistió, era “difundir al mundo la noticia latinoamericana en su objetiva desnudez, lealmente”.

En marzo, a catorce meses de su partida, volvió por primera vez a Argentina. Fue recibido por el presidente Arturo Frondizi. Del encuentro participaron el jefe de la corresponsalía en Buenos Aires, Luis González O’Donnell, y Rogelio García Lupo. Concedió entrevistas a distintos medios y disertó en la Universidad Nacional de La Plata. Ante los estudiantes, dijo que el surgimiento de Prensa Latina era producto de “la lucha por destruir el monopolio de la noticia americana en el mundo, sin exclusiones intencionadas o deformaciones”. Instó a los estudiantes a que tomaran conciencia de la importancia que tenía la información en un continente convulsionado: “Les pido que piensen que mientras nosotros conversamos aquí sobre estos temas, hay un pueblo latinoamericano que todos los días está siendo bombardeado, que todos los días está siendo sometido al fuego graneado de las calumnias científicamente organizadas por los trusts noticiosos. Gracias a Prensa Latina estamos obligando a las agencias a dar información sobre América Latina, cumpliendo así un sueño de todos los periodistas”.

En septiembre acompañó a Fidel Castro en su segundo viaje a los Estados Unidos. Las relaciones entre ambos países eran cada vez más tensas y hubo presiones del Departamento de Estado para que ningún hotel alojara a Fidel y a su comitiva. El líder cubano sugirió montar sus tiendas de campaña en los jardines de la ONU, que era territorio internacional y por tanto allí no podrían detenerlo las fuerzas de seguridad de Estados Unidos. Al final se hospedó en el hotel Theresa, en el barrio negro de Harlem, sobre la calle 125.

En respuesta al acoso norteamericano, Fidel se mostró en público con el presidente de la Unión Soviética, Nikita Kruschev, además de con el ghanés Kwame Nkrumah, el egipcio Gamal Abdel Nasser y el indio Jawaharlal Nehru. Guillermo Jiménez, por entonces director del periódico Combate, también formó parte de la comitiva: “Lo vi desenvolver todos los ardides y toda la astucia para tratar de dar las noticias antes que los demás. Recurría a las cosas más fabulosas —tenía una gran imaginación— y cuidaba los más pequeños detalles. Siempre se las arregló para dar la noticia antes que los norteamericanos, por lo menos las que le interesaban al gobierno cubano”.

Walsh recuerda que, al año de su creación, Prensa Latina se había consolidado como agencia internacional de noticias. Tenía sucursales en Washington, Nueva York, Londres, París, Ginebra y Praga. Su director había firmado convenios con las agencias Tass, CTK, Tanjg, Hsin Hua y otras de Egipto, Indonesia y Japón. “L’Express de París y el New Statesman de Londres habían cedido sus derechos latinoamericanos por ínfimas sumas; The Nation y The New Republic, de Estados Unidos, los daban gratis. Más de cien clientes en América Latina y muchos centenares en los países socialistas, un volumen noticioso comparable al de las agencias norteamericanas, además de colaboradores regulares de la talla de Sartre, Waldo Frank, Wright Mills: todo esto era realidad a mediados de 1960”.

Prensa Latina había logrado hacer escuchar su voz.

Masetti
La biografía de Jorge Ricardo Masetti, personaje fundante del periodismo latinoamericano, quien dedicó su vida a la causa revolucionaria y a la creación de un nuevo rol de la prensa en el continente. Masetti, además, fue el primer periodista argentino que entrevistó al Che Guevara en Sierra Maestra antes del triunfo de la Revolución cubana.
Publicada por: Sudamericana
Fecha de publicación: 10/01/2017
Edición: 1a
ISBN: 9789500759410
Disponible en:Libro de bolsillo

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