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Adelanto de «Revolución senior», de Sebastián Campanario


¿Solo los jóvenes son creativos e innovadores? ¿Qué podrían hacer las empresas y los gobiernos para dejar de ver los años como un problema y aprovechar su potencial económico? ¿A qué edad, realmente, uno considera que los demás son viejos?

Así como sucedió con el debate de género, crece la conciencia sobre el estigma de valores negativos atribuidos a la vida adulta. El advenimiento de los primeros millennials cincuentones no está lejos, así que las economías se están replanteando su relación con los mayores de esa edad.

Sebastián Campanario cuenta de qué modo los +45 tendrán un lugar protagónico en los próximos años, y da las claves para deconstruir nuestros prejuicios etarios y entender los huracanes de cambio que estamos atravesando. Mitos, estadísticas y testimonios en torno a la generación senior en la era de la inteligencia adaptativa. Paso a paso, cómo será «el contraataque de los clásicos», en uno de los libros más disruptivos y originales.

A continuación un fragmento, a modo de adelanto:

 

Capítulo 6 – Héroes silenciosos, más curiosidad y menos ego

En la tercera temporada de Billions, la serie de Netflix centrada en el conflicto entre un fiscal de Estado, Chuck Rhoades (el actor Paul Giamatti), y el multimillonario Bob Axelrod (Damian Lewis), hay una escena que reúne a Wendy Rhoades (psiquiatra, asesora del magnate y esposa del abogado, la actriz Maggie Siff) con un operador político en sus 60, Black Jack Foley (David Strathairn).

Ambos son maestros del “detrás de escena”, hiperexitosos en lo suyo, pero sin aspiraciones a ser muy conocidos a nivel masivo. La fama no los seduce, sino que más bien, en lo estratégico, es una carga. “Un día estaba aconsejando a personas sobre cómo moverse y al otro las estaba moviendo yo mismo”, reflexiona el operador frente a la coach ejecutiva, que en la serie representa a una profesional inquieta que ronda los cincuenta. De alguna forma, son la contracara de los dos personajes centrales de la serie, mucho más ambiciosos, ególatras y necesitados de la constante aprobación de terceros.

En las historias de éxito empresario existe lo que se conoce como “sesgo de supervivencia”: los recorridos que salen a la luz son aquellos de los triunfadores (en el ámbito de los emprendedores, menos del 10% de los casos), mientras que hay menor atención pública sobre los fracasos mayoritarios.

Existe otro sesgo, sin embargo, menos estudiado, que distorsiona igualmente la realidad y relativiza el valor de las historias de éxito que todos conocemos (y de los patrones que de ellas obtiene la literatura de management y gestión): el de aquellas personas que descuellan en lo suyo, pero a quienes por algún motivo no les interesa en lo más mínimo que su historia se conozca. Esta “invisibilización”, término que en la actual agenda pública tiene una connotación negativa, es para ellos un activo, funcional a sus negocios y también a su bienestar emocional.

Como periodista, es muy común toparme con historias subterráneas de empresarias y empresarios que son multimillonarios pero cultivan el anonimato. Con el tiempo empecé a notar este sesgo de “saliencia” entre las lectoras y lectores de columnas en La Nación: pensaba que los temas de innovación y creatividad tenían más conexión con los millennials, que son los que más me escriben o reaccionan en redes sociales. Pero ya sea en auditorios de charlas abiertas o en la información de la editorial sobre quiénes compraron los libros anteriores (Ideas en la ducha, Modo esponja, Otra vuelta a la economía) surge una mayoría silenciosa de +50, que hace menos ruido.

“Es muy probable que mucha de la gente más ‘exitosa’ que existe sean personas de las que nunca oímos hablar”, explica Adela Sáenz Cavia, especialista en educación emocional y con una base de grado en Ciencia política y Filosofía. “Es muy positivo rescatar esta actitud y ponerla en valor. Son personas que entendieron que el bienestar emocional pasa por otro lado, que la fama y la riqueza no son esenciales para ser felices”, dice Sáenz Cavia, “hoy vemos todo lo contrario, si nos damos una vuelta por LinkedIn son todos ‘oradores inspiracionales’ o títulos por el estilo, como una forma de destacar socialmente (creo que si alguien es inspirador o no es algo que deberían definir los demás)”.

Diego Kerner, psicólogo, especialista en marketing y autor de Lunes felices, hoy en sus cuarentilargos, tuvo su etapa de personalidad ultracompetitiva, que incluyó la búsqueda de fama y de querer ser el mejor, y hoy reconoce que ese camino le trajo más insatisfacciones que alegrías. Fue la ruta que transitó entre los 20 y los 40 años. “Depender en exceso de la mirada y del reconocimiento del otro puede ser un problema si para lograrlo sacrificamos ser quienes queremos ser. Cuando escuchamos más la ‘voz social’ que nuestra propia voz, pagamos un altísimo costo de no ser auténticos, lo cual redunda en una vida menos feliz”, dice Kerner.

 

El ego como enemigo

Uno de los divulgadores que mejor aborda este tema es Ryan Holiday, autor de El ego es mi enemigo, Conspiracy y The Daily Stoic Journal. “Hay un número muy pequeño de historias de éxito que se popularizan y que están sobrerrepresentadas en relación con todo lo que ocurre en la realidad”, propone. “Hay infinidad de personas exitosas (a nivel emocional y de riqueza) que tienen una mayor claridad para determinar ‘esto ya es suficiente’ o que se sienten cómodas operando entre bambalinas, por amor al juego, y dejando que otros se lleven el crédito”, sostiene Holiday. Como Wendy y Black Jack Foley en la serie Billions.

En sus libros, Holiday cuenta decenas de historias de CEO o figuras públicas famosas y exitosas en sus carreras que terminaron sus vidas de modo desdichado, o que en su pleno apogeo no gozaban del disfrute que el resto de los mortales solemos creer que poseen, y que generan la envidia de todos. En un famoso perfil sobre Saddam Hussein en la revista The Atlantic se cuenta que, en su pico de poder, uno podría pensar que el líder iraquí tenía infinidad de opciones en su menú, pero en realidad contaba con muy pocas porque era demasiado lo que estaba en juego con cada uno de sus movimientos. La jubilación de los ex presidentes de los Estados Unidos, dice Holiday, es un derrotero depresivo por publicar libros que no lee nadie y participar de entrevistas hostiles por radio y TV.

En el medio, la denominada “Economía de la felicidad” determinó con evidencia sólida que la riqueza tiene retornos decrecientes en materia de bienestar emocional: a partir de un determinado punto, el incremento de felicidad que agrega cada dólar adicional es muy bajo. En el estudio longitudinal más completo que se haya hecho hasta ahora sobre el tema, realizado a lo largo de setenta y cinco años por un equipo que actualmente coordina Robert Waldinger, de la Universidad de Harvard, con miles de entrevistas acumuladas a setecientas veinticuatro personas durante décadas, se determinó que el bienestar emocional no tiene nada que ver con la fama ni con la validación social, sino con las buenas relaciones.

“Uno de los principales obstáculos para tener una vida más feliz es perseguir las 3P (prestigio/fama, poder y plata)”, dice Kerner; “si son la consecuencia de hacer algo que nos gusta, son bienvenidas. Pero si son a expensas de perseguir nuestro deseo, entonces son básicamente un error de programación en nuestro GPS personal”.

La búsqueda de reconocimiento del otro no discrimina por edad. En una reciente encuesta de Clapit, una startup de talento social, surgió que la riqueza y la fama son los valores más deseados entre millennials por sobre la familia o el amor. Uno de cada doce jóvenes se mostró dispuesto a separarse por completo de su familia a cambio de ser famoso, y uno cada catorce, a hacerlo de su pareja. Las redes sociales, con todo su show off, potencian la necesidad de juicios positivos de terceros y minan la autoestima.

Holiday es un fanático de la filosofía de los estoicos, donde esta agenda se trató en profundidad. Las enseñanzas sobre bienestar emocional están presentes, con diferentes enfoques, en la filosofía desde tiempos ancestrales. Lecciones como “No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino nuestro diálogo interior ex post, lo que nos decimos luego a nosotros mismos sobre ellas”. O la importancia de distinguir entre factores que están bajo nuestro control y los que no. Sáenz Cavia viene estudiando, por ejemplo, la psicología asociada a la “exponencialidad”, en la que se produce una angustia por exceso: aquella que genera no poder abarcar todo lo que hay para aprender, conocer y hacer. En economía del comportamiento y de la felicidad esto se relaciona con la “paradoja de las opciones”: tener un abanico amplio como menú puede conducir a la depresión, porque tendemos a sumar el costo de oportunidad de todo lo que nos perdemos o dejamos de hacer (en lugar de comparar la mejor opción con la segunda mejor, que es lo que indicaría la racionalidad).

El autor de El ego es mi enemigo cita una máxima de Epicuro, luego tomada por el filósofo francés Michel de Montaigne: “Para vivir feliz, vive oculto”. Holiday está seguro de que el mejor lugar para ubicarse es justo antes de la cima, “con el éxito suficiente, pero no demasiado. Esa es la verdadera bendición”.

Revolución senior
Sebastián Campanario cuenta de qué modo los +45 tendrán un lugar protagónico en los próximos años. Una propuesta original y disruptiva, que da las claves para deconstruir nuestros prejuicios etarios y entender los huracanes de cambio que estamos atravesando.
Publicada por: Sudamericana
Fecha de publicación: 06/01/2019
Edición: 1a
ISBN: 9789500761697
Disponible en:Libro de bolsillo