Periodismo Justo

La culpa no es del chancho

La culpa no es del chancho ni del cordero, porque parece que finalmente era un cordero el animal que cayó en la pileta de Federico Álvarez Castillo. El dueño de la empresa Etiqueta Negra tiene casa en uno de los opulentos barrios de José Ignacio: esa suerte de enclave colonial que la clase alta argentina instaló en el Uruguay. “No es para tanto, fue una broma”, se apuraron a decir “allegados” a los implicados. Pasó que el millonario Eduardo “Pacha” Cantón le debía “un asado (un cordero)” al millonario Álvarez Castillo, entonces el Pacha –dueño de Cantón Estate y de una parte del paisito– se subió a uno de sus helicópteros y le tiró el animal a la pileta a su amigo que filmó la escena entre risas de su mujer, la modelo Lara Bernasconi. Un chiste. En la casa del empresario se mostraron “sorprendidos y horrorizados” con el “curioso incidente” aunque es evidente que estaban esperando el envío y por eso pudieron filmar la inmersión del bicho en la pileta. Después del mal momento, claro, hicieron el asadito.

Aunque acuerdo con la idea de que no es correcto generalizar porque se comenten graves injusticias, a veces, es difícil no hacerlo. Esta semana el ex presidente uruguayo Pepe Mujica al cuestionar el plan del presidente electo Luis Lacalle Pou que pretende convocar a los ricos de la Argentina para que se instalen en Uruguay y logren zafar de impuestos, dijo: “En vez de traer a 100 mil cagadores argentinos, preocupémonos de que los nuestros inviertan acá”. Tal vez no sean todos cagadores, es cierto. Algunos ya viven en Uruguay desde hace tiempo y tiran animales desde sus helicópteros. Cantón está vinculado a Ernesto Clarens, un financista que “despegó” con Carlos Menem (vía Emir Yoma) y figura relacionado con ex funcionarios kirchneristas en la llamada causa de los Cuadernos. Siempre haciendo buenos negocios.

Alvarez Castillo, por su parte, integra el sector que se escandaliza ante el aumento del impuesto a los bienes personales y denuncia los avances del Estado. Forma parte de esa pequeña pero consistente porción de argentinos que se gasta en una cena lo mismo que gana un jubilado en un mes, pero luego se espanta por el aumento en las retenciones a las exportaciones. Cuando se viralizó el episodio del cordero, las redes explotaron con denuncias sobre los manejos laborales en su empresa.

Es que el modus operandi de estos personajes resulta una obviedad. Ya lo dijo el desaparecido Alfredo Yabrán: “El poder es tener impunidad”. Cómo no voy a poder tirar un cordero de un helicóptero, filmarlo, reírme, asarlo. “¿Para qué tengo plata?”. Pueden eso y mucho más. “Tienen la sartén por el mango y el mango también”, como cantaba Nacha Guevara. Pueden evadir, lavar dinero, incidir en la política, hacer negocios por derecha y por izquierda, tener cuentas en el exterior y casas lujosas en el Uruguay.

La zambullida del cordero parece algo menor ante la infinidad de maneras con las cuáles estos señores se burlan sistemáticamente de la ley a un lado y a otro del Río de la Plata. Pero no lo es. La imagen es una postal reveladora de un modo de ser y estar en el mundo. La idea de una sociedad más justa y solidaria implica terminar con ese poder ominoso del que disfrutan.