El gobierno nacional vive su momento de mayor debilidad. La situación es evidente, pero Javier Milei no lo reconoce. En tres días tuvo que vender mil cien millones de dólares para evitar devaluar y reza por la asistencia salvadora del presidente norteamericano Donald Trump. El riesgo país superó los 1400 puntos y la recesión atraviesa a múltiples sectores de la industria. En la política no le fue mejor: recibió una sucesión de palizas en el Congreso Nacional que rechazó tres vetos a leyes muy destacadas. Sin embargo, Milei responsabilizó a la oposición a la que atribuye intención destituyente. Nada dice sobre la mala praxis económica, ni sobre la pésima gestión del Estado (al que sigue diciendo vino a desmantelar), ni a la impericia política para generar consensos. En psicología a esta conducta se la llama negación.
“En el partido del Estado tenés a los kukas y a los “antikukas” que votan igual que los kukas pero disfrazados de republicanos”. “Todos sabemos a esta altura que lo que están tratando de hacer es voltear al presidente que salvó al país de caer en la peor crisis de su historia”. “Lo peor ya pasó”. “Vamos a vender hasta el último dólar en el techo de la banda”. “Es el pánico político hace subiré el riesgo país”.
Las respuestas de Javier Milei y de Luis “Toto” Caputo, su ministro de Economía, son alarmantes. Los dos volvieron a apuntarle a una suerte de conspiración comunista internacional, con derivaciones en la provincia de Buenos Aires donde gobierna “el enano soviético” (Axel Kicillof). Hace meses que economistas de todo el arco ideológico, incluso los más cercanos, advierten sobre el atraso cambiario y sugieren sobre la necesidad de engrosas reservas, pero como el único objetivo es mantener la inflación en baja, la dupla decidió confiar en el destino y la buena suerte. Así les fue. Ahora le prenden velas a Trump para que habilite una ayuda salvadora para pagar los vencimientos del año próximo.
En la política, después de la derrota en la elección bonaerense por casi 14 puntos, tampoco manifestaron algún registro. No hubo cambio de nombres, ni de modos (salvo en la presentación del presupuesto 2026) ni de planes. El destrato a los gobernadores, incluso a los más colaborativos, terminó con sucesivos rechazos del Congreso a los vetos a las leyes de Emergencia en Pediatría, financiación de la Universidad y a la distribución automática de los ATN (fondos para las provincias). Una síntesis perfecta de la impericia política, la necedad y la soberbia.
Más allá de la cantinela oficialista, repetida por los comunicadores oficialistas, que señala a “los kukas” como el principal gestor de los rechazos, en ambas cámaras se superó largamente las dos terceras partes de los miembros con voluntades de peronistas, radicales, del pro, legisladores provinciales y hasta ex libertarios (181 y 174 votos, respectivamente, en Diputados y en el Senado 59 a 9).
Queda claro que Javier Milei construyó su propia debacle. El outsider que llegó al poder con el 56 por ciento de los votos, al imponerse en el balotaje, proponiendo motosierra contra la casta política y bajar la inflación, ve escurrirse el apoyo popular. La inflación bajó, pero la plata no alcanza. Hay pérdida de puestos de trabajo, caída del consumo y recesión. La casta a la que refería en campaña como el gran enemigo a vencer, mutó en jubilados, personas con discapacidad, médicos y enfermeros del Garraham, alumnos y docentes de la Universidad y trabajadores en general.
La negación es un mecanismo de defensa inconsciente que lleva a una persona a no reconocer una situación “dolorosa, conflictiva o inaceptable”. En política negar la realidad hace imposible encontrar soluciones.

