InicioPeriodismo JustoLa Corte adicta de Milei

La Corte adicta de Milei

“Le puedo asegurar que esto es la venganza porque soy el primer presidente que tomó la decisión de que vaya presa (Cristina Kirchner)”, lanzó el domingo pasado, Javier Milei levantando el tono de manera enérgica. Charlaba en La Nación Más con Luis Majul, un interlocutor con el que se siente muy cómodo.  “Pero usted no se mete con la Justicia”, intervino Majul, consciente de la gravedad institucional de la confesión del Presidente. “Ahí está el problema –rectificó Milei– yo no me meto con la Justicia. Digamos, o sea, le puedo asegurar que si yo hubiera sido sucio y me hubiera metido con la Justicia (…) yo no estaría padeciendo esto”, explicó. Hasta la publicación de esta nota, el actual presidente de la Corte Suprema no se había manifestado sobre esta afirmación. Los dichos de Milei otorgan una explicación a la velocidad del Alto Tribunal para rechazar el recurso de la defensa de Cristina Kirchner, lo que determinó su detención e impidió que participe de las últimas elecciones en Buenos Aires. La Corte resolvió en tiempo récord lo que habitualmente demora años. No fue el último ni el único favor que Horacio Rosatti y sus laderos le hicieron a Milei.

Hace dos años que la Corte tiene para resolver la inconstitucionalidad del decreto 70/2023 calificado de ilegal por constitucionalistas de todas las ideologías y escuelas. También tiene sin resolver una decena de planteos de gobernadores afectados en sus recursos por los recortes arbitrarios del Poder Ejecutivo. Y la cereza de la torta: la Corte se apresta a resolver la extradición de Fred Machado, el financista de José Luis Espert, después de mantener congelado el trámite durante cuatro años. Luego el Presidente deberá resolver si Machado viaja a enfrentar a la justicia en Estados Unidos. Curiosamente, el hombre acusado de hacer negocios con el narcotráfico, tiene el mismo abogado que Milei: el doctor Francisco Oneto.

A Javier Milei le gusta referenciarse con Carlos Menem, el peronista devenido liberal que gobernó la década de los noventa, por sus reformas y la privatización de empresas del Estado. En el control de la Corte también se parecen. En 1990, Menem logró ampliar la Corte de 5 a 9 miembros. Y nombró a cuatro jueces amigos (Julio Nazareno, Rodolfo Barra, Eduardo Moliné O’Connor y Mariano Cavagna Martínez), con estas incorporaciones conformó lo que se denominó una “mayoría automática” (cinco miembros que aprobaban todo). Esa Corte Suprema avaló los decretos de necesidad y urgencia (DNU) dictados por Menem, incluso en temas económicos y estructurales; convalidó privatizaciones irregulares (como las de YPF o Aerolíneas Argentinas); aprobó los indultos a los militares y civiles condenados o procesados por delitos de lesa humanidad y cerró causas que involucraban a sus funcionarios.

Milei no logró conformar su propia mayoría automática ya que fracasó en la incorporación del juez federal Ariel Lijo y el académico Manuel García Mansilla, que fueron rechazados por el Senado de manera contundente. Uno por sospechas de venalidad y el otro por arribista (aceptó ingresar al tribunal sin el acuerdo de los senadores). A diferencia de lo ocurrido con Menem, a Milei este fracaso no le complicó la gestión. Con sus actuales tres miembros, la Corte se disciplinó desde el primer día de su gestión. Horacio Rosatti lleva dos años al servicio de los deseos del presidente libertario. No es difícil imaginar que será recordado del mismo modo que su antecesor menemista Julio Nazareno.