Periodismo

El 7 de junio celebramos un nuevo Día del Periodista. Como suele ocurrir en los últimos años, me piden alguna opinión sobre el ejercicio de nuestra profesión. Me dicen que hable de los cambios en los medios y de las nuevas tecnologías. Me doy cuenta de que nada me interesa menos. No quiero decir cosas que ya conocen. Hay nuevas formas de comunicar, nuevos emisores y nuevos consumidores de información que, a la vez, también emiten noticias. No quiero hablar de la inmediatez ni de la crisis de los medios tradicionales. Ni del algoritmo en la web ni de las redes sociales. Hay especialistas más capacitados y abundante bibliografía sobre estos fenómenos que están revolucionando la comunicación. Me interesa más abrir un debate sobre la manera en la que estamos desarrollando nuestro trabajo. En mi opinión, es el momento de mayor degradación profesional desde el retorno a la democracia. Lo hago en forma de decálogo, en recuerdo y homenaje a ese maestro de periodistas que fue Tomás Eloy Martínez, quien en el decálogo del buen periodista que supo elaborar, anunció: “El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo”. Ojalá este punteo sirva para abrir un debate necesario.

Decálogo Ético para Periodistas

  1. Para un periodista lo más importante es la verdad. Contamos lo que vemos y sabemos, lo que podemos demostrar. Los hechos están por encima de nuestra perspectiva ideológica. También por sobre los intereses políticos y económicos de las empresas que nos contratan.
  2. Nadie nos puede obligar a hacer mal nuestro trabajo. Nadie nos puede obligar a mentir.  En Argentina, desde hace una década, después del conflicto entre el gobierno nacional y los grandes medios de comunicación, la verdad dejó de tener prioridad en los contenidos periodísticos. Era más importante afectar al otro, “al enemigo” que comunicar algo verdadero. Esa práctica nada tiene que ver con el periodismo.
  3. Los periodistas tenemos derecho a decir que “no” sí nos plantean tareas que se alejen de la verdad de los hechos. No nos pagan para participar de operaciones de prensa ni para inventar.
  4. Vendemos nuestra fuerza de trabajo, no nuestra opinión. Trabajar en un medio público no cambia la esencia de nuestra tarea. Nadie nos puede obligar a hacer propaganda de una gestión determinada. Somos periodistas no voceros.
  5. No somos fiscales de la Patria, ni héroes civiles, ni vedettes. Somos personas comunes obligadas moralmente a contar lo que pasa, desde nuestra subjetividad y de la manera más precisa y completa posible. Contar por qué pasan las cosas que pasan permite generar pensamiento crítico.
  6. Contar lo que el poder (político o económico) no quiere que se conozca es la mejor definición de Periodismo en su variante de investigación. Si hacemos bien nuestro trabajo vamos a contribuir a una sociedad más justa y democrática.
  7. No se deben alterar los contenidos periodísticos por la pauta publicitaria. Sea privada u oficial. Lo ideal es que los periodistas no estén relacionados a la venta de publicidad. En los últimos años se extendió una modalidad perversa, “los periodistas empresarios”. Con productoras o representantes se pueden disfrazar formas de dependencia con empresas o gobiernos. Una cosa es vender publicidad para sostener un proyecto periodístico y otra muy distinta cobrar de manera encubierta para callar o alabar a funcionarios o empresas.
  8. Nunca el periodista puede estar delante de la información. Esos periodistas podrían escribir “Yo y Platero” pero no una buena crónica. Tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro, en especial de los que sufren, puede ayudar a un periodista a encontrar variantes que enriquezcan su punto de vista.
  9. El periodismo no es un camino hacia la fama y la popularidad. El periodismo es una herramienta destinada a iluminar la realidad. El periodista es quien enfoca. Si prefiere estar bajo el haz de luz, algo está funcionando mal.
  10. El principal dilema del periodismo actual sigue siendo ético. Escribamos en un iPad o en una libreta, emitamos por la web o desde un teléfono inteligente, el tema es qué contamos y cómo lo hacemos. En palabras de Tomás Eloy Martínez: “El lenguaje del periodismo futuro no es una cuestión de oficio o un desafío estético. Es, ante todo, una solución ética”.