Periodismo Justo

Ojo por ojo

“Si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”. Eso dice la biblia en Éxodo 21:23-25. O como está en Levítico: “Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquier persona, que sufra la muerte. El que hiere a algún animal ha de restituirlo, animal por animal. Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho: rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él. El que hiere algún animal ha de restituirlo; mas el que hiere de muerte a un hombre, que muera”. Antes incluso de la aparición de los primeros códigos, ya la religión establecía castigos retributivos. Era una manera de evitar males mayores aplicando castigos equivalentes al daño. Después llegó Jesús y su misericordia que muchos declaman pero pocos practican. Lo cierto es que esos textos, anteriores en varios miles de años, al Estado de Derecho aparecen como progresistas en relación a las escenas salvajes que se vivieron en Argentina en los últimos días.


Varios ladrones y sospechosos de robar fueron brutalmente agredidos en la vía pública en distintas ciudades del país. El caso más grave ocurrió en Rosario donde David Moreyra, un joven de 18 años acusado de asaltar a una mujer, recibió los golpes que le propinaron una veintena de vecinos enfurecidos. A los pocos días falleció. Las acciones fueron protagonizadas por gente común que estaba en el barrio y que reaccionó al grito de “ladrón, ladrón”. La “vendetta” fue celebrada en las redes sociales y hasta encontró voz en algunos dirigentes políticos marginales. “Sin ningún cargo de conciencia. La población debe continuar ejerciendo justicia por mano propia y matar en el acto a los delincuentes capturados infraganti”, expresó en su facebook  Carlos Maslatón, ex abogado de Unión por Todos, la última de las creaciones políticas de Patricia Bullrich. La rosarina María Eugenia Bielsa, en cambio, calificó la muerte de Moreyra como una “catástrofe” porque implica la ruptura del pacto social.

La idea de justicia por mano propia es en sí una contradicción, la justicia sólo puede ser impartida por los jueces y después de un debido proceso. No puede hablarse de justicia cuando se trata de ajusticiamientos. Quien mata a un delincuente –salvo que haya ejercido la legítima defensa– es un asesino. Y quien agrede a un delincuente inmovilizado está cometiendo un delito. Sólo en la perspectiva de un profundo deterioro ético y cultural se puede calificar estos hechos de otra manera.

Dicho esto, no puede ignorarse el contexto dónde se sucedieron los ataques. El crecimiento real de los delitos; el incremento de la violencia en cada episodio (vinculado en muchos casos al consumo de drogas o alcohol); la desconfianza generalizada sobre el Estado y sus representantes, en especial la ineficacia y/o complicidad policial; la ineficiencia judicial (es bajísimo el porcentaje de causas que llega a tener una sentencia firme); la amplificación mediática de los casos de inseguridad y la reiteración de los aspectos más escabrosos que potencian el miedo. Y es sabido que el miedo compartido por una comunidad engendra horrores. A eso hay que sumar el discurso irresponsable de algunos políticos exigiendo “mano dura” como la mejor solución para la inseguridad. La campaña contra la reforma del Código Penal es un buen ejemplo de cómo por demagogia se logró cercenar un debate serio.

El diputado del Frente Renovador, Sergio Massa, exhibió en este tema nuevamente su oportunismo político. Condenó los linchamientos y habló de la ausencia del Estado como semilla de los hechos violentos. Eso sí, lo hizo primero que nadie. “Tiene muy buenos reflejos”, ponderan hasta sus rivales. Algo de eso hay pero la explicación tampoco alcanza. Es tan malo cuando el Estado falta como cuando sobra pero funciona como un elefante torpe o está permeado por la corrupción o el clientelismo.

La Presidenta eligió una cadena nacional destinada a difundir las nuevas actividades del Sedronar (se abrirán numerosos centros de contención de adictos) para hablar sobre el tema pero sin referenciarlo en forma directa. “Cuando alguien siente que su vida no vale más de dos pesos para el resto de la sociedad, no le podemos reclamar que la vida de los demás valga para él más de dos pesos”, señaló Cristina Kirchner. “Las cosas son así, entonces tenemos que entender que necesitamos miradas y voces que traigan tranquilidad. No necesitamos voces que traigan deseos de venganza, de enfrentamiento o de odio. Eso es malo”, agregó.

La descripción es correcta pero insuficiente. “Las cosas son así” pero no deberían. En realidad, las cosas están así y hay que cambiarlas. Después de una década de gestión es imposible no asumir responsabilidades. Sí la política no sirve para remover la exclusión, la injusticia, el deterioro educativo, la marginalidad y la violencia, no sirve para nada.