Periodismo Justo

VERGONZOSO

En la final de la Copa Argentina no sólo le robaron un partido a Rosario Central también me robaron las ganas de ver fútbol. No sé si volveré a un Estadio. Si se puede hacer esto a la vista de millones de personas quiere decir que el deporte que más amo se convirtió en una suerte de ficción pergeñada por unos pocos. Una estafa. No merecían este desenlace los hinchas de Central pero tampoco los de Boca. Nunca es buena una victoria sospechosa. Diría lo mismo si los protagonistas fueran otros. Diego Cevallos declaró: “me equivoqué”. En este partido se equivocó tres veces y siempre para el mismo lado. Lo del línea Marcelo Aumente es inclasificable. Ha pasado otras veces pero nunca como el miércoles por la noche en Córdoba. No hay antecedentes de un partido semejante. Imposible no sospechar venalidad ante su insólito accionar. ¿La interna de Boca? ¿Las elecciones en la AFA? No lo sé. Más allá de la indignación y la impotencia, siempre hay algo positivo para rescatar. Las críticas al penoso arbitraje surgieron de todos lados. También de hinchas de Boca y de Ñuls. En homenaje a esa nobleza me permito reproducir la columna que escribió Juan Becerra, notable escritor y periodista, hincha de Boca.


“Bueno, bueno, bueno. Acá hay que ponerse serios. La tarea de Ceballos fue catastrófica. Podemos decir que en una noche donde Tévez y Calleri estuvieron desconectados de todas las órbitas, él fue nuestro mejor delantero y nuestro gran goleador. Es difícil festejar sobre semejante injusticia. El “penal” de Pinola a Peruzzi no sucedió en Córdoba sino en Carlos Paz, en otra jurisdicción, en otro mundo, con otra leyes; y el gol nulo del Negro Chávez fue una crueldad de la que se ve que los jueces no se quisieron privar.

Para salir del rubro policiales y meternos un poco en algo que se parezca al recuerdo de un partido de fúbol, podemos decir que tuvimos una buena primera media hora. Cortamos arriba, tocamos la pelota sin engolosinamientos individuales y dominamos posicionalmente a Central, sobre todo en la franja que separaba sus madiocampistas de sus defensores. Ahí empollamos. Pero la primera jugada de peligro no fue de Boca sino de Marco Ruben, que cabeceó al gol entre dos compañeros, uno de ellos en micrométrica posición adelantada. ¿Quién iba a decir que siendo tan celoso de una medida invisible, el árbitro no lo sería luego con una jugada a la que le erró por dos metros? En una y otra distancia pueden representarse los peligros que cada equipo producía en el arco de enfrente.

Con la ventaja de nuestro lado y la desazón del otro, apareció el Boca del sacrificio, como quien dice el sostén de la familia. Erbes se plantó como un cinco antiguo para operar de retén frente a los avances del insistente Central, que volvió a llegar con otro cabezazo tremendo de Ruben, manoteado por Orión en el ángulo como podría haberlo hecho Ceballos. Luego, Lodeiro pudo amurar la injusticia con un tiro esquinado desde afuera y eso fue todo hasta el gol de Chávez. Eso y la sangre de Tévez para darle al equipo una cierta estabilidad hemodinámica en los últimos minutos del anteúltimo partido del año, cuando comienzan a derretirse los pistones.

Somos campeones de la Copa Argentina. Digámoslo en voz baja para no herir susceptibilidades. A los hinchas de Boca nos gusta ganar cuando las cosas cuestan, no cuando caen del cielo. Mejor sigamos festejando lo que ganamos merecidamente el domingo”.