Algunos de estos slogans de campañas políticas pasaron a la historia.
Forman parte del canon.
Otros son simplemente preferencias mías.
Confieso que he trabajado en campañas políticas, pero ninguno de los slogans abajo citados es de mi puño y letra, lamentablemente.Es imposible saber si un slogan aporta votos, el que diga que puede medirlo miente, pero si resuena y pervive en la memoria colectiva tiene un valor incalculable.
Algunos surgen de las afiebradas cabecitas de estrategas y creativos publicitarios.
Otros son fruto espontáneo de la cultura popular.
Las grandes ideas tienen ambigüedades que permiten múltiples interpretaciones.
En la mayoría de los casos son una ocurrencia o un malentendido que vuela bajo el radar y acierta casi por casualidad.
«Happy accidents» les llaman en el imperio.
La viralidad es casi imposible de predecir.
Aclaración: nos guste o no, los británicos son los Beatles y los Rolling Stones de los slogans políticos.
Disculpas por señalar lo obvio.
«Labour»
No es un slogan, es la manera breve y coloquial con que la que los británicos se refieren al Partido Laborista. Tenían el mejor nombre de un partido político, Labour Party, y lo mejoraron. Labour, a secas. No traduce bien al español, es una palabra polisémica: labor, esfuerzo, paciencia, parto. Brillante.
«Somos la rabia»
Un clásico. Una genialidad de los peronistas de los 80 que, EMHO, deberían seguir usando. Tiene un punto de vulnerabilidad y sinceridad que siempre funciona muy bien. Se erige como movimiento hegemónico y «underdog» a la vez: el que todos los demás detestan, recelan y, secretamente, admiran. Al mismo tiempo es desafiante y contagioso: define casi a la perfección al movimiento que representa. El peronismo siempre ha sido acusado de ser el partido irritante e incómodo, el gran rejunte de los resentidos: este slogan lo acepta, lo admite sin complejos e invita a pertenecer sin culpa, especialmente a los jóvenes. Como muchos slogans geniales, su origen es difuso. Una hipótesis es que, cuando murió Perón en 1974, un radical habría dicho «muerto el perro se acabó la rabia». Ergo, la rabia es movimiento espontáneo de masas («grassroots») que sobrevive al caudillo fundador. Otra teoría es que, tras el asesinato del sindicalista José Ignacio Rucci en 1973, Perón habría usado esa analogía para impulsar un combate frontal a la guerrila: hay que matar al perro para acabar con la rabia. De ser así, «la rabia» es una facción específica del movimiento peronista.
«La force tranquile»
Legendario slogan de François Mitterrand en los 80. La respuesta del socialismo francés a la larga sombra del general de Gaulle. Orgullo patriótico, firmeza con elegancia y serenidad, puertas adentro y afuera en plena guerra fría. Ataraxia. Je ne sais quoi.
«Get Brexit done»
No traduce bien, sería algo así como «pongamos Brexit en práctica de una vez por todas». Máximo oportunismo político surgido de las más avanzadas tecnologías de sondeos de opinión, que detectó allá por 2019 que el electorado británico estaba saturado de debatir la letra chica del Brexit, quería concretarlo y dar vuelta la página. De puño y letra de uno de los consultores más odiados y admirados de la política europea: el británico Dominic Cummins. Un estratega que intentó traer la caja de herramientas de Silicon Valley a la arena política y murió en el intento (figuradamente hablando). Bajo su liderazgo los conservadores obtuvieron un éxito arrollador que puso al excéntrico Boris Johnson en Downing Street.
«Labour isn’t working»
Obra de la agencia londinense Saatchi & Saatchi en 1978 para atacar con agudeza, simplicidad e impacto al oficialismo de turno. Dos años después Margaret Thatcher llegaría a Downing Street.
«Bliar»
Juego de palabras para tildar al primer ministro laborista Tony Blair de “liar” (mentiroso). Explote muy bien la similitud tanto en el deletreo de la palabra como en su pronunciación. No surge de un equipo de campaña sino de puño y letra del artista David Gentleman, para denunciar en 2003 al PM por haber sumado al Reino Unido a la guerra de Irak tras insinuar que no lo haría. Posteriormente, el slogan fue debidamente aprovechado por la oposición conservadora.
«I like Ike»
Dwight «Ike» Eisenhower, comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa duante la segunda guerra, tenía fama de ser un tipo campechano. Spoiler alert: no lo era, dicen que tenía un talante más bien antipático. No obstante, su imagen ganadora de «all American war hero» le valió no una sino dos estadías en la casa blanca en representación del partido republicano, por el cuel se decantó sin mucha convicción (de hecho los demócratas le había ofrecido la candidatura antes). Un slogan simple, breve, memorable, entrañable, pegadizo, inocentón, tontorrón. Un clásico de los años 50.
«Make America Great Again»
Brutalmente simple y epocal. MAGA. El silbido de perro por excelencia, lo suficientemente ambiguo como para transmitir muchas ideas y emociones a muchos niveles. Repetido hasta el hartazgo por el mismísimo autor, Donald J. Trump. La quintaesencial “back of napkin idea”: una idea garabeteada al paso sobre una servilleta que resulta una genialidad.
«Llegó papá»
Hipólito Mejía es un personaje muy curioso de la política dominicana. Rápido para el micrófono, siempre pícaro y mordaz, fanfarrón y querendón a la vez. Fue presidente entre 2000 y 2004, quiso volver en los 2010 pero no ganó. Este slogan lo usó para su comeback. Me resulta una genialidad del caudillismo paternalista mágico latinoamericano. Trabajé brevemente en su campaña. Una experiencia surreal.
«Ganas»
Un slogan que usa el Partido Popular en España. Me gusta por su simplicidad y porque toca una fibra egoísta muy particular en muchísima gente que vota como quien compara caballos de carrera: tipos humanos que necesitan elegir al que gana simplemente porque sentirse parte del bando derrotado les afecta la autoestima. El peronismo explota muy bien esta lógica acaso futbolera: el partido que de vez en cuando le permite ganar vicariamente a gente acostumbrada a perder.
«Power concedes nothing without a demand. It never did and it never will»
El poder no concede nada si no se le exige. Nunca lo hizo ni lo hará. Es una muletilla habitual en campañas del Partido Laborista británico, si bien fue acuñada por el abolicionista estadounidense Frederick Douglass en la segunda mitad del siglo XIX.






